jueves, 21 de febrero de 2013

-PABELLON DE LA MUERTE-CARYL CHESSMAN (1921-1960)-



-FILEALIEN-46-Año 3-Rosario-Santa Fe-
-Argentina-Febrero/21/2013-
-Caryl Chessman (27 de mayo de 1921 - 2 de mayo de 1960) fue un ladrón y violador estadounidense que se hizo famoso como preso en el Corredor de la muerte en California.
Caryl Chessman conoció el delito desde joven, cuando cumplió 15 años, su padre intentó suicidarse y él empezó a robar alimentos para la casa. Conocido como el "Bandido de la luz roja", porque llevaba una sirena policial en el techo de su auto para confundir a sus futuras víctimas en las rutas de California, Caryl Chessman saltó a la fama tras lograr evitar ser ejecutado a morir en la cámara de gas (había sido condenado a muerte en 1948), durante largos doce años.
A los 27 años, un tribunal estadounidense lo condenó a muerte, luego de ser acusado de secuestro, robo y perversión sexual; Chessman estudió Derecho y Latín en la Prisión Estatal de San Quentin, donde permanecía detenido, y se convirtió en su propio abogado; fue el emblema de la lucha contra la pena de muerte; escribió cuatro libros y le dedicó más de diez mil horas a estudiar su caso. Eso le permitió posponer ocho citas fijadas para que sea ejecutado, a través de recursos y amparos judiciales. Caryl Chessman siempre se declaró inocente y aseguraba que "el bandido de la luz roja era un aficionado chapucero con mentalidad sexual retorcida, y no criminal profesional y frío calculador", como él se consideraba.
Sin embargo, nadie pudo prorrogar la última cita: el 2 de mayo de 1960, Caryl Chessman moría en la cámara de gas de la Prisión Estatal de San Quentin, Estados Unidos.
*PEDIDOS DE INDULTO:
Entre los que firmaron están: Eleanor Rooselvet, El violoncelista Pablo Cassals, Ray Bradbury, Norman Mailer, Robert Frost y hasta la UNESCO enviaron pedidos de indulto al presidente de los Estados Unidos Dwight Eisenhower. La agitada existencia de Chessman es llevada al cine por un protagonista de otro nombre ("WHIT"), el contenido del filme fundamentado en la autobiografía de Caryl fue alterado por Hollywood para hacerlo "políticamente" más correcto, sin embargo el personaje, Whit, conservó curiosamente, los mismos rasgos y "detalles" de Chessman. Durante su permanencia en prisión periodistas de América y Europa lo entrevistaban periódicamente. Los artistas populares de la época como Ronnie Hawknis compusieron canciones para ayudarlo a liberarlo del pabellón de la muerte. La balada repetía "Que lo dejen vivir, Que lo dejen vivir", pero nada parecía poder modificar el veredicto. Cada vez que aplazaron la data de su muerte (8 veces) arribaban millones de telegramas. Se producían asaltos y manifestaciones frente a embajadas norteamericanas en diversos países y como protesta una multitud de personas desfilaba frente a Tribunales. Cuando renacía la esperanza, poco después la cancelaban de un plumazo o por un "Hecho" que señala las condiciones de vulnerabilidad que rodean a un condenado a la pena capital. Lea lo siguiente y exclame en silencio lo que se le antoje. La última fecha de ejecución estuvo a punto de posponerse, ya que, irónicamente el gobernador de California, que finalmente autoriza la ejecución alegando que sus manos estaban atadas, era un ferviente opositor a la pena de muerte, por lo que le ruega al juez el aplazamiento de una hora para dar lugar a una nueva revisión, pero esta posibilidad también falló. ¿Por qué? ¡La secretaria marcó mal el número de teléfono de la cárcel!! (no me diga, que no se le eriza la piel, si se mete unos segundos en el uniforme del infortunado Caryl, seguro despotrica contra un destino inexorable). Por aquellas horas, Chessman cumple con el ritual de la última cena. Elige hamburguesas con papas fritas y chocolate caliente, su bebida predilecta. Se lo llevaron a las 16:30 horas del 1 de mayo. Pidió repetir idéntico menú y volvió a saborearlo a media noche. Cuando finalmente, la secretaria se comunica con San Quintín, la ejecución había comenzado. Nada detuvo las pastillas de cianuro cayendo sobre el balde de ácido sulfúrico en el cuarto en el que Caryl se dejó amarrar sin oponer resistencia. Hizo un guiño de ojos a periodistas conocidos. Recostó la cabeza hacia atrás. Inhaló el gas letal de aroma dulzón. Inconciente, la cabeza cayó sobre su pecho.
A los 8 minutos, y 10 segundos era declarado muerto, el 2 de mayo de 1960, Chessman fue la cuarta víctima ajusticiada con la pena capital impuesta por la ley Lindbergh (¿recuerda el dramático secuestro y muerte de un niño de 2 años hijo del célebre aviador que cruzó en solitario, por primera vez el Atlántico, uniendo Estados Unidos a Europa, más precisamente a París, donde aterriza sano y salvo?). Caryl previo a caminar por el pabellón que lo conduciría a su ejecución, hizo una declaración en la que expresaba "En mi existencia fui culpable de muchos delitos, pero no de aquellos por los que me habéis arrebatado la vida" y terminaba así: Ahora que el Estado se ha tomado su venganza, me gustaría preguntarle al mundo ¿qué ha ganado con ello?
Además, alega horas antes del día fatídico: "Debemos olvidar el odio y la venganza. Estos originan un ambiente que hacen imposible un examen racional y humano respecto a lo que la sociedad deba y pueda hacer con el hombre que se enfrenta violentamente a sus semejantes y a sí mismo.
Ese es un problema que no será enterrado junto a los cadáveres del ofensor ejecutado y su víctimas. Ese problema no será enterrado conmigo. Palabras impactantes y que nos inducen a reflexionar muy profundamente en una Ley, que según mi criterio es un absurdo, si la intención de la sociedad es acabar con la inseguridad y legislación, abogados, magistrados, capaces de hallar soluciones factibles. Si- lo estoy escuchando un tanto nervioso que me envía un mensaje telepático-recalcando que las condenas perpetuas se reducen a períodos más breves de lo judicialmente acordado, que las pulseras magnéticas (se pueden sacar, que las lleven, un familiar dentro de la casa, etc) no son más que bijouterie, que los violadores son realmente enfermos, que indefectiblemente cometerán una y otra vez abusos sexuales (le aclaro que estoy en contra de la castración química, porque si bien - -tal vez- le impida consumar el acto sexual, no inhibe su mente de realizar paralelas atrocidades, y hasta más perversas) por lo tanto, no deben con ningún recurso asomar la nariz de la prisión, cosa que como Ud. sabe no ocurre. Y como los mencionados, una serie interminable de delitos, que no les atañe a los comunes mortales ocuparse de resolverlos sino a los que les corresponde, antes que la población estalle y se dedique a hacer justicia por mano propia, y pase a reinar la anarquía, cosa que no deseamos por el bien de todos.

EL LEGADO

Unas frases más respecto a Chessman, a sus defensores y opositores durante la larga agonía. Imagine. Ud, amigo lector, las reiteradas fechas para la ejecución del condenado, significan repetidas "preparaciones" para enfrentar lo inevitable, en un absoluto estado de indefensión, estado que ni siquiera a sus supuestas víctimas Chessman sometió.
No opera aquí tampoco lo sostenido por muchos cultores de la pena capital, acerca de la necesidad de eliminar a los "irrecuperables" del seno de la sociedad. Admitiendo que Caryl fuese responsable de las acciones por las que se lo condenó, él que fue prisionero de San Quintín, no resulta el mismo hombre que muere en la cámara de gas.
Conclusión: Por encima de la protesta mundial, la dura y fría ley no creyó jamás que era viable la regeneración de un convicto. El Sr.
Truman opinaba de lo dicho por Chessman "Son un montón de mentiras, similares a Sacco y Vanzetti, ejecutados en 1927, en el estado de Massachusetts por asesinos y ladrones". Tamaño despropósito es apenas digerible. Ni Chessman, ni los luchadores anarquistas, verdaderos mártires de la libertad, merecen ese trato. Por otra parte, reflejando la angustia del hombre enfrentando el panorama contemporáneo el sabio francés Albert Schweitzer comentó el fallecimiento de Chessman con estos términos lapidarios: "es una expresión más de la cobardía humana, que aumenta sin cesar en el planeta". Como colofón a esta dramática historia, cito la estúpida decisión de un cementerio de Glendale, California, de negarse a recibir las cenizas del reo-escritor por haber muerto "sin arrepentimiento y agnóstico". Luego de las abundantes contradicciones, y de las voces a favor y en contra de Chessman, me gustaría que Ud. conociese un tramo de la carta que -la noche previa a la ejecución- Caryl escribe a un periodista amigo, que había seguido de cerca su permanencia en la celda 2455, de San Quintín. "Cuando Ud. lea esto habré cambiado una pesadilla de 12 años por el olvido y Ud. habrá sido testigo del acto final y ritual. Abrigo la esperanza de morir con dignidad, sin miedo animal y sin valentonadas. Tengo respeto por mi mismo. Me siento extremadamente tranquilo. En breve me han de decir:
¡ya es hora! hora de caminar esos pocos y cortos pasos. Ya es hora de sentir el olor sintético similar al del florecimiento del melocotonero.
Es hora de inhalar y de que la conciencia retroceda hacia un vacío negro y eterno. Es hora, en breve, para morir". Después de esta conmovedora despedida, que perturba extrañamente el alma, sólo me queda por agregar que la humanidad tiene la obligación de entender que la pena capital es el último desatino de la inoperante justicia de Estado.
El hombre -al fin de cuentas- puede hallar mejores métodos para normar su conducta, como seres educados y lógicos. Espero, sinceramente que la historia dramática de Caryl Chessman, la lucha denodada por convencer a las autoridades de su inocencia por los crímenes que le adjudicaron, el clamor de la prensa y de los que reclamaban un nuevo juicio que jamás fueron escuchados lo induzcan a pensar, que sólo somos seres humanos, que hasta ahora (por suerte), carecemos de la facultad de decidir sobre la vida y la muerte de nuestros semejantes sean estos culpables de los hechos más aberrantes. La solución está en manos del Estado, de la Justicia y en ellos delegamos la responsabilidad de ayudarnos a reconstruir una sociedad en la que no prevalezcan el temor y la desconfianza, sino la esperanza de un futuro, cuya "marca registrada" sean la Seguridad de los habitantes, la libertad de expresión, el derecho a una defensa justa y rápida y tantos otros ítems que conocemos de sobra. ¿Ideales inconcebibles? No sólo premisas que pertenecen a una sociedad racional y civilizada.
-Hs:8:56Am-Investigacion:Alberto Costacurta Grossetti-Edicion:Mirta B Costacurta y Corresponsales de FILEALIEN-46-  http://filealien-46.blogspot.com Correo de contacto: albertocostacurta46@hotmail.com-

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