viernes, 31 de agosto de 2012

-EL MISTERIO DE LAS PIONEER-




-FILEALIEN-46-Año 3-Rosario-Santa Fe-Argentina-Agosto/31/2012-Hs:12.40 Pm-Durante más de una década, un enigma ha acompañado a dos de las naves espaciales más alejadas de la Tierra y cuyo rumbo las hará pasar relativamente cerca de otras estrellas. Una sutil pero inquietante desaceleración demostraba que había una fuerza desconocida actuando sobre la Pioneer 10 y la 11, lanzadas por la NASA al espacio en 1972 y 1973 respectivamente. E incluso se llegó a plantear la posibilidad de que ambas naves, por su lejanía, estuvieran experimentando los efectos de una parcela ignorada de la física.


En realidad, a principios de la década de 1980, los responsables del centro de control de vuelo ya detectaron una desaceleración de las dos naves cuando se estaban aproximando al planeta Saturno, pero no se le dio al fenómeno la importancia que realmente tenía. En 1998, estando ya ambas naves a unos 13.000 millones de kilómetros de distancia del Sol (unos 8.000 millones de millas), un grupo de científicos encabezado por John Anderson del Laboratorio de Propulsión a Chorro (Jet Propulsion Laboratory o JPL) de la NASA, en Pasadena, California, se percató de que había una desaceleración verdadera y persistente, de alrededor de 0,9 nanómetros por segundo al cuadrado. Esto hizo que ellos y otros científicos llegasen a plantearse la posibilidad de que ambas naves, por su lejanía, estuvieran experimentando los efectos de una parcela ignorada de la física que contradijera en algunos aspectos a la teoría general de la relatividad de Einstein.

En 2004, Slava Turyshev, del JPL, decidió comenzar a recopilar registros almacenados en diversos centros de la NASA y analizar los datos para ver si podía determinar de manera concluyente la fuente de esa desaceleración, sutil pero incuestionable. Él y sus colegas consideraron la posibilidad de enviar una misión de espacio profundo para investigar la anomalía, pero Turyshev quería estar seguro sobre la existencia de tal anomalía antes de solicitar una nave espacial a la NASA.

Él y sus colegas buscaban datos de telemetría, que son los datos recolectados en la nave y enviados luego a la Tierra, y datos Doppler, los cuales son el patrón presente en los datos enviados. Cuando estas dos astronaves fueron lanzadas, todavía se almacenaban los datos en tarjetas perforadas. Pero Turyshev y sus colegas pudieron copiar archivos digitalizados desde el computador usado por responsables del Control de Vuelo que habían ayudado a guiar a las naves Pioneer desde la década de 1970. Ellos también encontraron más de una docena de cajas de cintas magnéticas bajo unas escaleras en el JPL, y recibieron archivos desde el Centro Nacional estadounidense de Datos de Ciencia Espacial en el Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA en Greenbelt, Maryland. Además, trabajaron con técnicos del Centro Ames de Investigación de la NASA en Moffett Field, California, para recuperar la información de algunas de sus cajas de cintas magnetoópticas.

-Resuelven el enigma de la desaceleración de las sondas espaciales Pioneer 10 y 11-

-Gracias a todas esas gestiones, Turyshev recolectó más de 43 gigabytes de datos, que hoy en día puede parecer una cantidad modesta de información, pero que en la década de 1970 era una cantidad tremenda. También se las arregló para salvar una arcaica máquina de cintas magnéticas que estaba a punto de ser desechada. Gracias a esta máquina, que finalmente funcionó e hizo el trabajo para el que fue diseñada mucho tiempo atrás, Turyshev pudo recuperar la información almacenada en las cintas.

Este arduo trabajo, Turyshev y las demás personas lo realizaron sin interés económico alguno, sólo por amor a la ciencia y por su entusiasmo en resolver un enigma y en hacer un trabajo de recuperación que se podría calificar de arqueología en la electrónica. Incluso la Planetary Society (Sociedad Planetaria, cofundada por Carl Sagan en 1980) instó a sus miembros a ayudar a financiar el coste material de la recuperación de datos. Posteriormente, la NASA también proporcionó fondos. Mientras tanto, un programador en Canadá, Viktor Toth, se enteró de esa labor y contactó a Turyshev. Él ayudó a Turyshev a crear un programa capaz de leer las cintas de telemetría y a recomponer los datos viejos.

Con el paso de los años, cada vez parecía más claro que lo que les ocurría a las dos Pioneer no le sucedía a ninguna otra astronave alejada, por ejemplo las dos Voyager. Si la causa de la desaceleración no se debía a una parcela ignorada de la física que se manifestase a distancias tan enormes como las alcanzadas por esas cuatro sondas espaciales, entonces ¿qué fenómeno estaba actuando sobre las dos Pioneer, y por qué precisamente sólo en ellas?

La investigación finalmente ha permitido resolver el enigma. La inesperada desaceleración de las Pioneer 10 y 11, conocida en círculos científicos como la "Anomalía Pioneer", se debe al minúsculo pero detectable efecto del calor interno de la astronave. El calor emana de la corriente eléctrica que fluye a través de los instrumentos de a bordo y de la fuente de energía termoeléctrica.

El efecto es muy sutil, y, tal como explica Turyshev, se podría comparar, en bastantes aspectos, a cuando un automóvil en marcha es empujado hacia atrás por los fotones emitidos por las luces delanteras. La acción de esos fotones es real, pero tan diminuta que la reducción de velocidad del automóvil no se puede notar.

El efecto es más perceptible en las Pioneer que en las Voyager debido principalmente al modo en que fueron construidas y a cómo sus distintas partes están distribuidas.

Con todos los datos de las Pioneer nuevamente disponibles, Turyshev y sus colegas han logrado calcular el efecto del calor emitido por los subsistemas eléctricos y por la desintegración paulatina del plutonio en los generadores de radioisótopos encargados de suministrar la energía de a bordo, y han comprobado que los valores concuerdan con la desaceleración anómala detectada en las dos Pioneer. El misterio está por tanto resuelto.

Pese a la desaceleración, muy pequeña de todas formas, las dos naves siguen alejándose de nuestro sistema planetario a gran velocidad. La última y muy debilitada señal de la Pioneer 10 se recibió en la Tierra el 23 de enero de 2003. La nave envió la transmisión desde una distancia dos veces más lejana que la de Plutón al Sol. La última señal de la Pioneer 11 se recibió en Noviembre de 1995. Las dos naves están rumbo al espacio interestelar, y con el paso de cientos de miles de años volarán relativamente cerca de diversas estrellas. Para el hipotético caso de que estas naves, en algún punto de su largo viaje a través de la galaxia, se acaben encontrando con formas de vida extraterrestre inteligentes, llevan un mensaje destinado a tales entidades. No es tan extenso y detallado como el que portan a bordo las Voyager 1 y 2, pero también puede cumplir su papel de saludo pacífico para otras civilizaciones del cosmos.-Fuente:NCYT Amazing-Investigacion:Alberto Costacurta Grossetti-Edicion:Mirta B Costacurta y Corresponsales de FILEALIEN-46-  http://filealien-46.blogspot.com Correo de contacto: albertocostacurta46@hotmail.com-

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